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#46. EL AROMA DE LA CERVEZA


#46. EL AROMA DE LA CERVEZA
Seguro que alguna vez te ha pasado esto: hueles algo y, sin saber muy bien por qué, te transporta a otro momento de tu vida. A la cocina de tu abuela, a un verano concreto, a una persona que hacía tiempo que no recordabas.
Con la cerveza ocurre exactamente lo mismo.

Cuando acercas la copa a la nariz y hueles una cerveza, no estás haciendo nada raro ni sofisticado. Estás participando en uno de los sentidos más emocionales que tenemos.
Y lo curioso es que ese olor no es “magia”: son moléculas reales que salen de la cerveza y viajan directas a tu cerebro.
Hoy vamos a hablar de eso.
De por qué la cerveza huele como huele… y de por qué no deberías obsesionarte nunca con acertar aromas concretos.
COMENZAMOS!!

🍺
EL SABER ES PODER
Lo primero: lo que hueles son moléculas
Aunque digamos “huele a lúpulo” o “huele a malta”, en realidad lo que está pasando es algo bastante más sencillo y bonito.
La cerveza libera pequeñas moléculas aromáticas que se evaporan y entran por tu nariz.
Esas moléculas vienen, sobre todo, de tres sitios: el lúpulo, la levadura y la malta.

Cada uno aporta su granito de arena al aroma final:
El lúpulo suele traer recuerdos verdes, florales, cítricos o resinosos.
La levadura puede aportar notas frutales, especiadas o incluso algo más salvaje.
Y la malta, ese fondo dulce, a cereal, pan, caramelo o tostado.
Pero aquí viene lo importante: esas moléculas no “dicen” mango, clavo o miel. Solo activan receptores en tu nariz. El resto… lo pone tu cerebro.

El aroma vive en tu memoria, no en la cerveza
Cuando hueles una cerveza y piensas “esto me recuerda a…” en realidad no estás analizando, estás recordando.
El sentido del olfato está directamente conectado con la memoria y las emociones. Mucho más que la vista o el gusto. Por eso dos personas pueden oler la misma cerveza y describirla de forma completamente distinta.

Si nunca has olido un mango en tu vida, es imposible que identifiques “olor a mango” en una cerveza. No porque no sepas de cerveza, sino porque tu cerebro no tiene ese archivo guardado.
Y lo mismo pasa con mil cosas más: hierbas, frutas, especias, flores… Cada nariz es un archivo personal de experiencias.

Por eso no hay que obsesionarse con encontrar lo que pone en la etiqueta o lo que dijo alguien en una cata.
Tu recuerdo es tan válido como cualquier otro.
La cultura también huele (y mucho)
Además de la memoria personal, hay otro factor enorme: el contexto cultural.
Hay olores que en una cultura resultan agradables y en otra son directamente desagradables. Piensa en ciertos quesos intensos, fermentados, o incluso en aromas animales o ahumados.

En cerveza pasa igual, hay perfiles que para unos son “complejos” y para otros “raros”. Y ninguno está equivocado.
Tu forma de oler está condicionada por dónde has crecido, qué has comido, qué te resulta familiar y qué no. Y eso no es un problema: es lo que hace que la experiencia sea interesante.

La clave no es acertar, es entrenar.
Empieza por lo sencillo, no busques frutas exóticas ni descriptores imposibles. Pregúntate cosas básicas: ¿te parece dulce? ¿te recuerda a algo floral? ¿es más especiada, tostada, fresca?
Con el tiempo, tu cerebro irá creando un pequeño registro interno. Y poco a poco, sin forzarlo, empezarás a navegar por tus recuerdos: “esto me recuerda a…”, “esto lo he olido antes en…”
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FRESCO COMO EL LÚPULO
📌 Oro mundial: así es la cerveza de trigo que enamora a los expertos
Que una de las mejores cervezas de trigo del planeta salga de Brasil ya es llamativo. Que se elabore en el sótano de una iglesia, aún más.
La Weissbier de la cervecería Hofbauer, en el estado de Minas Gerais, acaba de ganar la medalla de oro en la categoría German-Style Leichtes Weizen en un certamen internacional con más de 1.400 cervezas.
Fundada en 1894 por redentoristas holandeses, Hofbauer sigue trabajando con maquinaria importada en 1907 y una filosofía radicalmente artesanal: solo cuatro lotes al año de 350 litros.
El resultado es una cerveza de 5,3 % vol., ligera, fresca y muy expresiva, con notas de plátano maduro y clavo. Todo, además, con un fin poco habitual en el sector: los beneficios se destinan íntegramente a obras sociales de la parroquia. Tradición líquida con propósito.
🤯
LA FRIKADA
¿Sabías que el olfato es el único sentido que no pasa primero por el “filtro racional” del cerebro?
A diferencia de la vista o el oído, el olor sigue una vía directa hacia el sistema límbico, donde viven estructuras como la amígdala (emociones) y el hipocampo (memoria).
No pasa primero por la corteza racional, la parte “analítica” del cerebro. Por eso un aroma puede emocionarte, incomodarte o hacerte sonreír antes incluso de que sepas qué estás oliendo: tu cerebro siente antes de pensar.

Así que la próxima vez que huelas una cerveza y no sepas qué decir… relájate.
Si te gusta, es correcto. Si te recuerda a algo, es válido. Y si no sabes explicarlo, también está bien.
💭
Después de entender cómo funciona el olfato, pasa algo curioso: dejas de exigirte respuestas.
Ya no necesitas decir “esto huele a mango” o “esto es clavo sí o sí”.
Empiezas a escuchar tu propia nariz, tus recuerdos, tus sensaciones. Y ahí es cuando la cerveza deja de ser algo que se juzga… y se convierte en algo que se vive.
Ese es exactamente el enfoque de mi curso:
Un abrazo,
Cervecero Miguel
Hasta aquí tu cervecita semanal!
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