#43. LOS ENEMIGOS DE LA CERVEZA

#43. LOS ENEMIGOS DE LA CERVEZA

Piensa en la cerveza como en un yogur, un pan recién hecho o una buena fruta madura. No la miramos así, pero lo es: un alimento vivo, delicado, que cambia con el tiempo.

Abrimos una cerveza esperando frescura, aroma, espuma… y muchas veces no somos conscientes de todo lo que ha tenido que sobrevivir para llegar hasta ahí en condiciones.

Porque desde que sale de la cervecería, empieza una pequeña carrera contra el reloj.

Hoy no vamos a hablar de caducidades ni de sustos.

Vamos a hablar de algo más sutil y más importante: de cómo la cerveza va perdiendo propiedades si no se la cuida bien y de quiénes son sus tres grandes enemigos silenciosos.

El oxígeno. La luz. Y la temperatura.

COMENZAMOS!!

🍺 

EL SABER ES PODER

La cerveza nació para beberse joven

Durante siglos, la cerveza se elaboraba para beberla rápido. Muy rápido.

No había neveras, ni envases herméticos, ni control fino de procesos. La cerveza nacía local y moría joven. Y eso no era un problema: era lo normal.

Con el tiempo llegaron las botellas, las latas, el frío industrial y el transporte a larga distancia.

La cerveza empezó a viajar, a almacenarse, a esperar. Y ahí apareció un nuevo reto: conservar lo que el cervecero había creado.

Porque la cerveza, aunque esté cerrada, no está “congelada en el tiempo”.

Dentro siguen pasando cosas.

Oxígeno y temperatura: el desgaste silencioso

El oxígeno es imprescindible para que exista la vida… y justo por eso es el mayor enemigo de una cerveza bien hecha.

Por eso, en la cervecería, embotellar o enlatar bien es casi un acto quirúrgico. Todo se hace para que el oxígeno no entre: purgas, cierres precisos, espuma controlada.

Porque una vez la cerveza queda sellada, ese pequeño mundo interior debería permanecer intacto.

En cuanto entra aire, empieza la cuenta atrás.

El oxígeno va apagando poco a poco los aromas frescos, vuelve los sabores más planos y puede sacar notas a cartón mojado, papel o fruta pasada.

Después viene la temperatura.

El calor no estropea la cerveza de un día para otro, pero acelera absolutamente todo. Cada reacción química que ocurre dentro de una cerveza va más rápido cuanto más calor hace.

Lo que a 4 °C tarda meses en notarse, a 25 °C puede aparecer en semanas.

Por eso una cerveza almacenada caliente envejece antes, pierde frescura y se desequilibra.

La luz: el enemigo más traicionero

La luz, especialmente la solar o la fluorescente, ataca directamente ciertos compuestos del lúpulo. El resultado es ese famoso olor a “zorrillo”.

No es imaginación. Es química.

Por eso las botellas transparentes son bonitas, pero peligrosas.

Y por eso la lata se ha convertido en uno de los mejores refugios para la cerveza: bloquea completamente la luz y protege mejor su interior.

Cuando juntas estos tres factores —oxígeno, calor y luz— entiendes una cosa clave: la cerveza no caduca como un yogur, pero sí envejece como un alimento fresco.

Y cuanto peor la trates, antes lo hará.

📰

FRESCO COMO EL LÚPULO

📌 Las grandes cerveceras diversifican: del grifo al café, el agua y los refrescos

El consumo de cerveza en España lleva tiempo dando señales de agotamiento y las grandes cerveceras ya mueven ficha.

Mahou San Miguel, Damm y Estrella Galicia están ampliando su negocio hacia categorías como el agua embotellada, el café, los refrescos, las bebidas energéticas o incluso vinos y espirituosos.

La caída del consumo per cápita —un 4,9% en 2024—, la subida de precios, el menor gasto en hostelería y un cambio cultural entre los jóvenes explican el giro estratégico.

Mientras la cerveza se estanca, productos como el agua o los refrescos crecen y, además, refuerzan el poder de negociación con bares y restaurantes al ofrecer un porfolio completo.

Sin renunciar a su ADN cervecero, el sector busca asegurar crecimiento y relevancia mirando más allá de la caña.

🤯

LA FRIKADA

La lata es la mejor opción

Si hoy la lata vive su edad dorada, no es por moda ni por postureo cervecero: es porque, objetivamente, es el mejor envase para cuidar una cerveza.

Es el único formato que bloquea el 100 % de la luz. Ni sol, ni fluorescentes del súper, ni escaparates traicioneros.

Bien cerrada, una lata deja muy poco aire dentro y mantiene los aromas frescos durante más tiempo.

El aluminio conduce la temperatura mucho mejor que el vidrio, así que una lata se enfría antes en la nevera.

💭

Y aquí está la clave de todo esto: entender la cerveza cambia completamente cómo la bebes.

Cuando sabes por qué una cerveza pierde aroma y por qué unas saben “apagadas” dejas de pensar que es cuestión de suerte, de marca o de moda.

Empiezas a elegir mejor, a conservar mejor y, sobre todo, a disfrutar más.

Justo eso es lo que trabajo paso a paso en mi curso:

Un abrazo,
Cervecero Miguel

Hasta aquí tu cervecita semanal!

Cuéntame qué te ha parecido
👇

🍺🍺🍺🍺🍺 Muy interesante 

🍺🍺🍺 Bien 

!Te veo en el siguiente email!

🚨 ¿Dudas o sugerencias? 🚨

Recuerda que puedes responder a este email

Cualquier feedback me ayuda un montón

 😃 

Reply

or to participate.