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#42. LA BARRIGA CERVECERA ES UN MITO


#42. LA BARRIGA CERVECERA ES UN MITO
Estos días el tema de la “barriga cervecera” ha levantado más conversación que una IPA en pleno verano.
Publiqué un post y aquello ardió rápido, así que me apetecía traerlo aquí, a este espacio más tranquilo, donde las cosas se hablan con una cerveza bien servida y sin prisa.
Porque para eso es esta newsletter: para profundizar un poco más y dejar por escrito lo que en redes se pierde entre scrolls.
Seguro que has escuchado alguna vez eso de: “La cerveza engorda… y sobre todo, aquí” —y alguien se señala la barriga mientras la conversación se ríe por inercia.
La idea está tan metida en el imaginario colectivo que casi parece una ley universal: bebes cerveza → aparece barriga. Como si fuera una ecuación inevitable.

Pero, ¿y si te dijera que esa famosa “barriga cervecera” no es culpa de la cerveza… sino del contexto en el que la bebemos?
Que lo que de verdad engorda no es el líquido dorado, sino lo que ocurre en tu cuerpo mientras la disfrutas.
Hoy vamos a desmontar uno de los mitos más arraigados del mundo cervecero.
Y lo vamos a hacer con lógica, humor… y una pizca de ciencia fácil de digerir (más fácil que esas tapas que a veces acompañan las cañas 😉).
COMENZAMOS!!

🍺
EL SABER ES PODER
El cuerpo no convierte alcohol en grasa… pero sí lo pone todo en pausa
Imagina que tu metabolismo es como una cocina en pleno servicio. Entra una cerveza y el hígado, que es el chef principal, hace algo muy humano: prioriza.
El alcohol entra en la sala y el hígado dice: “Vale, esto primero. El resto que espere.”
Eso significa que mientras procesa el alcohol, el resto de la comida que has ingerido —patatas, croquetas, frutos secos, una burger…— queda en cola.

No es que el alcohol “se convierta en grasa”; es que la comida habitual, la que normalmente quemarías sin problema, se procesa más lento y con menos eficiencia.
Y ya te imaginas lo que pasa cuando algo se procesa peor y más despacio: el cuerpo es práctico, y lo almacena.
¿Dónde? Pues en hombres, sobre todo en la barriga. En mujeres, más en caderas y muslos.
Así que no es la cerveza: es la pausa metabólica.
La cerveza tiene calorías… pero no tantas como crees
Una botella estándar suele tener entre 150 y 200 kcal.
Para ponerlo en perspectiva: menos que muchos refrescos, menos que un donut y bastante menos que ese combo de tapas que suele acompañarla.

El problema real no es la cerveza en sí, sino el pack completo: cerveza + comida calórica + metabolismo ocupado.
Esa combinación es la que, repetida con frecuencia, marca diferencia en la báscula.

Y aquí viene lo curioso: mucha gente culpa a la cerveza mientras ignora los verdaderos sospechosos que están en la mesa al lado.
Entonces… ¿por qué aparece la “barriga cervecera”? La respuesta está en los hábitos
Cuando vemos a alguien con barriga y sabemos que bebe cerveza, asumimos causalidad. Pero la ciencia habla más de hábitos que de bebidas.
La cerveza suele formar parte de momentos sociales: bares, raciones, picoteo, cenas tardías… contextos donde comemos más, más rápido y con más grasa.
Si a eso le sumas que el alcohol ralentiza la gestión de esas calorías, tenemos la ecuación lista.

La cerveza no engorda por sí sola. Engorda el cómo, cuánto y con qué la acompañamos.
La solución no es demonizarla, sino equilibrar el ritual: beber con moderación y evitar combinarla siempre con fritos o comidas muy calóricas.

¿Una cerveza con una cena ligera o después de entrenar? Difícilmente te hará daño.
¿Tres cervezas con bravas, torreznos y hamburguesa? Ahí ya estamos hablando de otro estilo… y no precisamente de los cerveceros.
📰
FRESCO COMO EL LÚPULO
📌 Vuelca un camión con 20 toneladas de cerveza
Un tráiler que transportaba entre 15 y 20 toneladas de cerveza volcó de madrugada en la M-50, a la altura de Getafe, esparciendo su carga y bloqueando casi por completo la autovía.
El conductor fue trasladado al hospital por dolor en un hombro.
Antes del cierre total, un turismo colisionó con la caja del camión, aunque su conductor salió ileso.
La retirada de los vehículos y la larga limpieza de miles de latas mantuvo el tramo cerrado durante horas.
🤯
LA FRIKADA
El alcohol se procesa siempre antes que la comida
Hasta ahí, vale.
Pero aquí viene lo curioso: tu cuerpo reaccionaría igual si tomas un vermut, un vino o un mojito.
Si la barriga fuera “cervecera”, también existiría la “barriga de mojito”, la “barriga de Rioja” o la “barriga de gintonic con pepino”.

Pero nadie dice eso.
¿Por qué?
Porque la cerveza tiene peor prensa… y mejores chistes.
💭
La “barriga cervecera” no viene de la cerveza.
Viene de los hábitos, del picoteo constante, del metabolismo en pausa y de un contexto que suma calorías sin que nos demos cuenta.
Si entiendes esto, te cambia por completo la relación con la cerveza.
La disfrutas sin miedo, la eliges mejor y sabes cuándo te está afectando la bebida… y cuándo es la comida la que te está metiendo goles por la escuadra.
Si quieres ir un paso más allá y aprender a elegir una cerveza que realmente te guste, entender estilos, sabores, cómo funciona el alcohol en tu cuerpo y cómo disfrutar sin sentir que “engorda”…
Un abrazo,
Cervecero Miguel
Hasta aquí tu cervecita semanal!
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